
Capitulo 2:
Miranda miro a joe. Los recuerdos que tenia de él no iban tan atrás.
-‘’ ¿no sientes curiosidad por saber que eh regresado?’’-.
-‘’ Eso es más que evidente’’-. Replico él, tras mirar las dos maletas de Miranda.
-‘’ En realidad posiblemente no es lo que estas pensando, San Francisco es fabuloso’’-.
-‘’ ¿y dónde está Andy?’’-.
-‘’El está muy ocupado y no ah podido venir’’-.
-‘’ ¿ocupado?’’-. Replico Joe.
-‘’sí, bueno…’’-. Contesto ella, con una sonrisa. Había esperado que el sonriera también, pero Joe permaneció muy serio.
-‘’Lo que quieres decir es que Andy no era lo que habías imaginado’’-.
-‘’bueno, todos cometemos errores, ¿acaso no has hecho tu algo de lo que te arrepientas?’’-. Musito ella, justo cuando el aparcaba frente a la casa de sus padres.
Los dos se bajaron. Joe saco con facilidad las maletas del asiento y las levo hasta la puerta, apretó el timbre, se dio la vuelta y la dejo sola, sin siquiera despedirse.
Miranda parpadeo. Durante los cinco minutos que llevaba ahí, nadie había abierto la puerta. –‘’Tal vez habían salido de la ciudad’’. Pensó. Pero no era posible ella había llamado unos días antes a sus padres ahora, no tenía otro sitio al que ir. Se había gastado casi todo el dinero que tenia para poder llegar a la ciudad y solo tenía veinte dólares en el bolsillo. Ese dinero no le bastaría para poder alquilar una habitación, ni siquiera podría ir al motel que estaba a las afueras de la ciudad sin poner en peligro su vida.
De repente, noto que joe no se había marchado. Mientras se daba la vuelta se apodero de ella una vergüenza. Efectivamente el estaba en la acera, apoyado contra su furgoneta, sin importarle que la lluvia lo estuviera mojando, mientras la miraba con sus brillantes ojos negros. A Miranda se le formo un nudo en la garganta. Se inclino y tomo la maleta más pequeña, dejando la maleta grande. Entonces se cuadro de hombros y comenzó a caminar calle abajo. No sabía a dónde iba pero en aquellos momentos, cualquier lugar era mejor que el lugar en el que se encontraba.
Joe pensó que en cualquier momento se abriría la puerta, pero la puerta no se abrió. Los relámpagos iluminaban el cielo, y los truenos rugían en la distancia. Piso el acelerador, pero ni siquiera logro recorrer una manzana. Entonces recordó las palabras de Miranda. –‘’ ¿acaso no has hecho tu algo de lo que te arrepientas?’’-. Había echo muchas cosas de las que se arrepentía. Si no hubiera sido por Miranda tal vez nunca hubiera conseguido darle un giro a su vida.
Miro por el retrovisor, y vio como ella doblaba a la esquina. Con aquellas ropas mojadas debía estar helada. Freno drásticamente y dio la vuelta, se detuvo delante de la casa de los padres de Miranda, subió a la camioneta la maleta que ella había dejado momentos antes y fue rápidamente tras ella.
Miranda escucho como la furgoneta de joe se le acercaba por detrás. El se coloco a su altura y aminoro la marcha. Entonces abrió la puerta del copiloto.
-‘’ ¡Entra!’’-.
-‘’vete’’-. Replico ella sin mirarlo.
-‘’te alojare en mi casa durante unos días, hasta que puedas solucionar la situación con tus padres, entra antes de que te enfermes’’-.
-‘’estoy bien’’-. Insistió ella, a pesar de que no era así.
-‘’ ¿a dónde piensas ir?, son más de las once’’-. Miranda no respondió porque no lo sabía. Tenía amigos en la ciudad, estaba segura de que alguien la dejaría quedarse en su casa durante una noche.
-‘’va a empezar a nevar muy pronto’’-. Añadió Joe.
-‘’ya lose’’-.
Joe acelero el motor. La furgoneta tomo más velocidad y se detuvo justo delante de Miranda. Entonces el descendió y se acerco a ella.
-‘’dame tu maleta’’-. Miranda protegió la maleta con su propio cuerpo, pero él le agarro la mano y se la quito. Se quedaron unos segundos uno frente al otro, bajo aquella lluvia torrencial. Mientras ella lo miraba, sintió de repente unas ganas impresionantes de abrasarlo.
-‘’lo siento’’-. Dijo ella, suavemente, y la dureza que había reflejada en el rostro de joe desapareció.
-‘’todos hemos hecho cosas de las que nos arrepentimos’’-. Dijo y subió la maleta en la camioneta.



