un amor para siempre

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  • 29th May
    2012
  • 29

        

Capitulo 2:

 

Miranda miro a joe. Los recuerdos que tenia de él no iban tan atrás.

-‘’ ¿no sientes curiosidad por saber que eh regresado?’’-.

-‘’ Eso es más que evidente’’-. Replico él, tras mirar las dos maletas de Miranda.

-‘’ En realidad posiblemente no es lo que estas pensando, San Francisco es fabuloso’’-.

-‘’ ¿y dónde está Andy?’’-.

-‘’El está muy ocupado y no ah podido venir’’-.

-‘’ ¿ocupado?’’-. Replico Joe.

-‘’sí, bueno…’’-. Contesto ella, con una sonrisa. Había esperado que el sonriera también, pero Joe permaneció muy serio.

-‘’Lo que quieres decir es que Andy no era lo que habías imaginado’’-.

-‘’bueno, todos cometemos errores, ¿acaso no has hecho tu algo de lo que te arrepientas?’’-. Musito ella, justo cuando el aparcaba frente a la casa de sus padres.

Los dos se bajaron. Joe saco con facilidad las maletas del asiento y las levo hasta la puerta, apretó el timbre, se dio la vuelta y la dejo sola, sin siquiera despedirse.

Miranda parpadeo. Durante los cinco minutos que llevaba ahí, nadie había abierto la puerta. –‘’Tal vez habían salido de la ciudad’’. Pensó. Pero no era posible ella había llamado unos días antes a sus padres ahora, no tenía otro sitio al que ir. Se había gastado casi todo el dinero que tenia para poder llegar a la ciudad  y solo tenía veinte dólares en el bolsillo. Ese dinero no le bastaría para poder alquilar una habitación, ni siquiera podría ir al motel que estaba a las afueras de la ciudad sin poner en peligro su vida.

De repente, noto que joe no se había marchado. Mientras se daba la vuelta se apodero de ella una vergüenza. Efectivamente el estaba en la acera, apoyado contra su furgoneta, sin importarle que la lluvia lo estuviera mojando, mientras la miraba con sus brillantes ojos negros. A Miranda se le formo un nudo en la garganta. Se inclino y tomo la maleta más pequeña, dejando la maleta grande. Entonces se cuadro de hombros y comenzó a caminar calle abajo. No sabía a dónde iba pero en aquellos momentos, cualquier lugar era mejor que el lugar en el que se encontraba.

Joe pensó que en cualquier momento se abriría la puerta, pero la puerta no se abrió. Los relámpagos iluminaban el cielo, y los truenos rugían en la distancia. Piso el acelerador, pero ni siquiera logro recorrer una manzana. Entonces recordó las palabras de Miranda. –‘’ ¿acaso no has hecho tu algo de lo que te arrepientas?’’-. Había echo muchas cosas de las que se arrepentía. Si no hubiera sido por Miranda tal vez nunca hubiera conseguido darle un giro a su vida.

Miro por el retrovisor, y vio como ella doblaba a la esquina. Con aquellas ropas mojadas debía estar helada. Freno drásticamente y dio la vuelta, se detuvo delante de la casa de los padres de Miranda, subió a la camioneta la maleta que ella había dejado momentos antes y fue rápidamente tras ella.

 Miranda escucho como la furgoneta de joe se le acercaba por detrás. El se coloco a su altura y aminoro la marcha. Entonces abrió la puerta del copiloto.

-‘’ ¡Entra!’’-.

-‘’vete’’-. Replico ella sin mirarlo.

-‘’te alojare en mi casa durante unos días, hasta que puedas solucionar la situación con tus padres, entra antes de que te enfermes’’-.

-‘’estoy bien’’-. Insistió ella, a pesar de que no era así.

-‘’ ¿a dónde piensas ir?, son más de las once’’-. Miranda no respondió porque no lo sabía. Tenía amigos en la ciudad, estaba segura de que alguien la dejaría quedarse en su casa durante una noche.

-‘’va a empezar a nevar muy pronto’’-. Añadió Joe.

-‘’ya lose’’-.

Joe acelero el motor. La furgoneta tomo más velocidad y se detuvo justo delante de Miranda. Entonces el descendió y se acerco a ella.

-‘’dame tu maleta’’-. Miranda protegió la maleta con su propio cuerpo, pero él le agarro la mano y se la quito. Se quedaron unos segundos uno frente al otro, bajo aquella lluvia torrencial. Mientras ella lo miraba, sintió de repente unas ganas impresionantes de abrasarlo.

-‘’lo siento’’-. Dijo ella, suavemente, y la dureza que había reflejada en el rostro de joe desapareció.

-‘’todos hemos hecho cosas de las que nos arrepentimos’’-. Dijo y subió la maleta en la camioneta.

  • 28th May
    2012
  • 28

Capitulo 1:


Tres meses más tarde:

Miranda olio el humo que provenía del motor de sus coche, tenía dieciocho años y apenas había aprendido a conducir.

 -‘’Vamos, vamos, puedes conseguirlo’’-. Musito mientras apretaba con fuerza el volante.

Sus padres le habían regalado el vehículo para que regresara a la ciudad en las vacaciones.  Había recogido sus pocas pertenecías y regresaba de nuevo a la ciudad.

 El olor a humo se hiso más pronunciado. Miranda arrugo la nariz y recordó con cierta nostalgia la pequeña ciudad en la que vivía. Los faros iluminaron el cartel que daba la bienvenida a la ciudad. Al ver el panel lanzo un suspiro de alivio y comenzó a relajarse. Había conseguido llegar a casa sana y salva. Después de haber  viajado más de mil kilómetros, tan solo faltaban quince para llegar a la casa de sus padres. De repente, el auto lanzo un sonoro bufido. Las luces del salpicadero se apagaron. Miranda piso frenéticamente el acelerador, con la esperanza de avanzar un poco más, pero no le sirvió de nada y el coche se detuvo en medio de una nube de humo.

 

-‘’No’’-.  grito. No quería que alguien la viera tirada en la carretera. Entonces permaneció allí sentada, escuchando como el motor lanzaba su último suspiro y observando como el humo salía por debajo del coche. –‘’ ¿Qué voy hacer?’’’-. Se preguntó. No podía caminar hasta la casa de sus padres, sin embargo, permanecer  sentada en un coche no le serviría de nada.

……..

Joe encendió los limpiaparabrisas. Iba camino a la ciudad. Era una fría noche de lunes, por lo que parecía que aquella lluvia podía convertirse en nieve antes de que amaneciera. En febrero solía nevar con frecuencia en la ciudad, pero a Joe no le importaba, se sentía muy a gusto viviendo allí. La imagen de un coche aparcado sobre la orilla de la carretera despertó su curiosidad y freno. –‘’donde está el conductor?’’-. Se pregunto. No se veía a nadie dentro, ni en los alrededores del vehículo. Se colocó detrás del coche y dejo las luces encendidas para poder ver. Se bajó de su vehículo y en aquel momento se dio cuenta de que no estaba tan solo como había creído. Alguien por lo que parecía una chica estaba observándolo desde el otro lado del coche. Se acercó y se detuvo a unos pocos metros de ella. No quería asustarla solo quería ayudarla a arrancar el coche para poder marcharse.

-‘’tienes problemas ?’’-. Le pregunto.

-‘’No’’-. Replico ella y se cubrió un poco. –‘’solo espero a alguien’’-. Aquella vez al escuchar su voz, Joe creyó reconocerla, recordó que el coche tenia matriculas de San Francisco. El no conocía a nadie de San Francisco a excepción de…

-‘’¿Miranda?’’-. le repregunto tratando de verle el rostro.

-‘’sí, soy yo’’-. Respondió ella muy apesadumbrada. –‘’ahora puedes reírte de mí’’-. Joe no respondió inmediatamente. En realidad, no sabía que decir, ni como sentirse. Sin embargo reírse de Miranda no era lo que él quería hacer en aquellos instantes. Principalmente lo que quería era marcharse para no tener que volver a verla, pero no podía abandonarla.

…….

Miranda permaneció sentada sin hablar, escuchando el zumbido de la calefacción, y el rítmico movimiento de los limpiaparabrisas sobre el cristal. De todas las personas de la ciudad, él era la última a la que había deseado ver. Sin embargo había sido el primero con el que se había encontrado. Con las manos en el regazo. Observo tristemente los familiares edificios frente a los que estaban pasando.

-‘’ ¿tienes frio?’’-. Le pregunto Joe.

-‘’No’’-. Respondió ella, aunque aún no había entrado del todo en calor.

-‘’bueno’’-. Añadió, esperando aliviar la tensión que había entre ellos…

  • 24th May
    2012
  • 24

       

Prologo:

A las diez de una cálida noche de jueves, Joe estaba sentado en su Furgoneta, mirando la pequeña casa en la que Miranda vivía. No dejaba de decirse que era una locura estar allí, él no era el tipo de chico que pudiera pedir nada. Tenía por costumbre no necesitar de nadie. De niño había aprendido que mostrarse como un ser vulnerable nunca recibía recompensa. No obstante, se había enterado que Miranda y Andy eran novios, y que Miranda abandonaría la ciudad para estudiar en Chicago. Joe sabía que, si lo hacía, estaría cometiendo una gran equivocación. Andy no cuidaría de ella del modo en el que él lo haría. Andy no la amaría como la amaba él. Andy tan solo se amaba a sí mismo.

Joe respiro profundamente y apago el motor de la furgoneta, entonces, descendió del coche y se dirigió hacia la entrada de la casa. Había esperado que Miranda decidiera regresar con él. Durante unas pocas semanas habían compartido un amor dulce y romántico. Estaba seguro de que ella sentía lo mismo que él.

Tardaron varios minutos en abrir la puerta. Lo hizo Sara, la mejor amiga de Miranda.

-‘’oh… mmm… Hola Joe’’-.

-‘’¿está en casa?’’-.

-‘’No creo…’’   Joe la interrumpió antes de que ella pudiera terminar la frase.

-‘’La vi entrando’’-.

-‘’Ah…’’-. Comento Sara con una avergonzada sonrisa.

-‘’No estoy segura de que hubiera llegado, pero si la acabas de ver, seguro está en casa… espera un momento’’-.

Mientras esperaba. Joe sintió como el pulso se le aceleraba. Nunca le había abierto su corazón a ninguna otra chica, por lo que no estaba seguro por donde debía empezar. No se había permitido amar a muchas personas. Estuvo a punto de darse la vuelta para marcharse pero justo entonces, Miranda apareció en el umbral de la puerta.

-‘’ ¿Joe?’’-. Pregunto. Parecía sorprendida al verlo allí. No se había puesto en contacto con él desde que habían terminado.

-‘’ ¿podemos hablar?’’-.

-‘’No lo creo’’-. Respondió ella. ‘’En realidad, no hay nada que decir’’-.

Tal vez Joe no lo sabía pero lo que sentía era real. Dejar que Miranda se fuera era un error. Había tardado en enamorarse, pero el infierno que había vivido aquellas semanas sin Miranda no le había dejado duda alguna de sus sentimientos.

-‘’Lo que había entre nosotros era muy bueno’’-.

-‘’Yo… no puedo discutir sobre eso, pero… pero…’’-. Miranda se interrumpió. Entonces se metió un mechón de su largo cabello oscuro detrás de la oreja, como si estuviera nerviosa.

-‘’lo siento, me iré a estudiar a Chicago’’-. Miranda tenía una expresión torturada en sus enormes ojos negros. Joe sabía que estaba dividida entre lo que pensaba, lo que sentía y lo que tenía que hacer. Sabía que miranda tenía miedo de marcharse.

-‘’Miranda…’’-. Susurro él. Entonces extendió su mano y le acaricio suavemente la mejilla. Aquel breve contacto le hiso desear abrazarla y ella pareció sentir  algo similar. Cerró los ojos y apretó la mano de Joe, como si estuviera deseando sentir sus caricias.

-‘’aun sientes, algo por mí, lose… vuelve conmigo’’-. Bajo la tenue luz del porche, vio que los ojos de miranda se llenaban de lágrimas.

  • 21st May
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